Última actualización el Sábado, 15 de Agosto de 2009 14:21
Gastronomía
Muchas son las características que identifican a un pueblo. Son evidentes, entre otras, la lengua, el vestido y el territorio que ocupan. Sin embargo, el sabor de la comida, sus aromas y su forma de preparación, ocupan un lugar específico en el ethos, de cualquier cultura.
En América hay productos ancestrales que se cultivan y consumen en todo el continente. Baste mencionar el maíz, la papa, el zapallo, el tomate, la piña, el chocolate y condimentos esenciales como el ají y la canela. Estos y otros frutos originarios del nuevo mundo cambiaron buena parte de la dieta y las costumbres alimenticias de Europa y el orbe entero.
Pese a su naturaleza similar, la forma de preparación, el consumo y los gustos son diversos. Pongamos un ejemplo. Mientras en Colombia, de la calabaza se utilizan tan solo el fruto y las semillas, en México le suman las hojas, el tallo y las flores.
Para señalar la singularidad de nuestra tierra, Jorge Zalamea dijo: "Nariño no es un departamento, es un país". Creo que tenía toda la razón. Aquí, en esta agreste y diversa geografía florecieron culturas que alcanzaron un notable desarrollo económico, político y cultural. Más tarde, con la conquista española, se asentaron familias procedentes de la Madre Patria que lucharon por hacer prevalecer sus abolengos y sus valores de corte señorial.
Aspiramos a través de la cocina, fortalecer la identidad, vender nuestros sabores con sus combinaciones perfectas y ofrecer, de manera generosa a los turistas que, procedentes de cualquier rincón del mundo, quieran disfrutar de un paisaje sin par, de la bondad de sus gentes y de una comida cargada de aromas y sabores exóticos.










